Aspectos clave para manejar la roya estriada en trigo

Cuando el cultivar de trigo es susceptible a roya estriada (RE) y las condiciones climáticas son altamente favorables para su desarrollo, la enfermedad solo se detecta tempranamente con monitoreos semanales.

03/08/2021 | Sanidad

El manejo de las royas se basa en el uso de cultivares resistentes y control químico. Sin embargo, la elección del cultivar se realiza considerando principalmente el potencial de rendimiento. En ese sentido, un alto porcentaje de los trigos sembrados en la Argentina son de alta productividad, pero susceptibles a royas y a otras enfermedades.

“El uso de cultivares resistentes o tolerantes, es la herramienta preferencial para el manejo de las enfermedades causadas por microorganismos biotróficos como las royas”, destaca Norma Formento, especialista del INTA Paraná.

Estos cultivares impiden o retrasan el proceso de infección. Además, reducen la cantidad de inóculo disponible, poseen un buen rendimiento y calidad de granos, y son agronómicamente aceptables.

¿Qué afecta la roya en el trigo?

Las royas por su naturaleza biotrófica afectan tejidos vivos y en consecuencia impactan sobre diversos aspectos fisiológicos como la función fotosintética de las hojas. “Esto tiene su consecuencia en la disminución de la formación y movimiento de los fotoasimilados, que conduce a la reducción en el número y peso de los granos”, dice la especialista.

Por otro lado, la Roya Estriada (RE), lineal o amarilla, se caracteriza por ser de naturaleza “sistémica”. Es decir que a partir de una espora, se forman nuevos uredos (pústulas) en línea y en pocos días se puede cubrir la hoja, a diferencia de la roya de la hoja o anaranjada (Puccinia triticina). Esta última, es de naturaleza localizada, es decir que desarrolla una pústula por espora depositada sobre el tejido vegetal.

Pérdidas y momentos de aplicación de fungicidas

En general, para la Argentina se estima un 50 % promedio en cultivares muy susceptibles. Las pérdidas directas del rendimiento dependerán del cultivar (resistente, moderadamente resistente, moderadamente susceptible o susceptible).

Pero también de la cantidad de inóculo disponible en el área, la virulencia de las razas presentes, de las horas de mojado foliar y del estadio fenológico a partir del cual la planta es parasitada y si se aplicaron fungicidas en el momento adecuado.

“Una vez confirmada la presencia de la RE en el lote de producción, es necesario obtener un valor objetivo de la cantidad de enfermedad, a través de la incidencia”, aseguró Formento, según el número de hojas con al menos una pústula de roya en relación al número de hojas sanas, de un total de 20 – 30 plantas (sin hojas senescentes) tomadas al azar.

Existen numerosos umbrales de intervención química, que establecen desde 10 a 40 % de incidencia en hojas y severidad (porcentaje de área afectada), entre 1 y 10 %. Cuando los cultivares son muy susceptibles, los umbrales son más bajos.

Cabe destacar que las pústulas de RE son poco perceptibles a campo por su color claro inicial. Por ello cuando se define una incidencia de 1 o 2 %, es altamente probable que el valor sea muy superior cuando las hojas son observadas y evaluadas bajo lupa con al menos 30 aumentos.

Retraso en las aplicaciones

La demora en aplicar un fungicida adecuado en las primeras etapas de encañazón (Z31 o Z32, uno o dos nudos) a HB completamente desplegada (Z39) en un año epifítico, ocasiona daños foliares de magnitud considerable con importantes pérdidas del rendimiento.

En algunos sistemas productivos con cultivares de alto rendimiento, pero susceptibles a RE y con condiciones climáticas conductivas de la enfermedad, sería posible realizar dos aplicaciones de fungicidas. Siempre combinando principios activos con diferente mecanismo de acción para reducir la probabilidad de generar resistencia en el patógeno.

Para el manejo químico específicamente de la RE, por su naturaleza “sistémica”, una consulta recurrente se refiere a la necesidad del uso de coadyuvantes. “En general, si son compatibles con el fungicida, los coadyuvantes mejoran y aumentan la velocidad de la penetración. Pueden reducir la pérdida de fungicida por efecto de las lluvias, y en consecuencia disminuir la intensidad de la enfermedad”, advirtió la especialista.

Fuente: El ABC Rural

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